miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mis notas de: "Que la muerte te acompañe" (Risto Mejide)

«No concibo que quien nada necesita pueda amar algo no concibo que quien no ama pueda ser feliz» JEAN-JACQUES ROUSSEAU Emilio o De la educación, Libro IV.

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Me he enamorado tantas veces como me lo ha permitido mi autoestima. He cicatrizado tantas veces como me lo ha permitido la piel.
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Paula se sentó en su mitad de sofá y contempló lo vacía que había quedado la otra mitad de su existencia. Y se volvió a preguntar por qué nos empeñamos en llenarla siempre con otra persona. Por qué llevaba años empalmando una pareja con la siguiente. Por qué, de todas las cosas difíciles e importantes que había aprendido a lo largo de estos años, nunca figuraba en la lista la asignatura pendiente de estar sola.
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Porque amar en silencio no es nada. Porque quien ama en secreto, muere en soledad.
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Mira si era feliz con él que había cerrado toda convocatoria de casting, y para que yo haga eso…
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Soy adorable. Una muñeca. Soy preciosa. Bueno, en realidad no sé si soy tal como te digo. Pero te apuesto lo que quieras a que es así como me ves.
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Yo solo quiero que me lleven hasta Paula. Todo lo demás, para mí, es infierno.
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«Familia es con quien quieres estar».
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—Estamos hechos de relaciones, Toscano. Son nuestras relaciones las que nos configuran como individuos. Relaciones con nuestros padres, con nuestros amigos, con nuestras parejas. Lo único que hace de nuestra vida una experiencia humana única e irrepetible.
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Los principios no son principios hasta que te cuestan algo.

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«Solo hay dos etapas en la vida: aquella en la que te dicen que no y aquella en la que eres tú el que dice que no. La rapidez con la que pasas de la primera a la segunda es lo que llamamos progreso».
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LOS CUATRO ELEMENTOS, por A. B.
 Toscano Mírame bien porque esto que ves no es una sola persona. Mírame a fondo porque aquí están todas las que me amaron y a las que alguna vez amé. Ellas me han hecho quien soy. Ellas me han querido, me han dejado y me han dejado dejarlas. Ellas me han arrastrado por todos los estados del corazón, y, gracias a ellas, hoy conozco muy bien los cuatro elementos de la materia afectiva: enamorarse, estar enamorado, querer y amar. Enamorarse es fuego. Un proceso que todo lo quema y todo lo consume, sobre todo a quien lo profesa. Como toda autocombustión, afortunadamente no dura para siempre. Nadie sobreviviría mucho tiempo a esa ceguera, a esa falta de cordura, a esa cerrazón. Pero tampoco sabríamos cicatrizar sin haberla sufrido nunca. ¿Quién no ha sido nunca pirómano por amor? ¿Quién no ha fingido poder controlarlo? ¿Quién no ha negado lo que era evidente? En esta hoguera de las banalidades, la madera que más prende es la fantasía, las llamas se tiñen todas de rojo pasión, el humo que nos ciega resulta extremadamente tóxico, y hay que andarse con ojo, pues los celos son sus cenizas. Estar enamorado, en cambio, es aire. Oxígeno. Inspiración. Llenar el corazón de sangre nueva. Sacarlo a tomar el fresco. Abrir sus ventanas y dejar que corra el aire, que entre la luz. Todo huele a nuevo, a necesario y a conveniente. En esta apartada orilla se respira mucho mejor, dónde va a parar. Como toda brisa, al principio es totalmente inofensiva, pero si se nos va de las manos y dejamos que venga racheada, puede estar anunciando tormenta o incluso acabar en huracán. Por eso es importante que se levante con cierta frecuencia a un ritmo constante, lindo y suavesito. Que empuje, sí, pero que no despeine. Querer es tierra, posesión y pertenencia. Delimitación, frontera y exclusión. O quieres conmigo o quieres contra mí. Hectáreas de deseos mezquinos y egoístas. Por eso es peligroso querer mucho y sin control, porque aquello que quieres, tarde o temprano, te acabará poseyendo. Las vallas son muy frecuentes cuando se quiere así. Rígidas normas y controles de seguridad, vigilancia veinticuatro horas en forma de leyes morales y miedo, mucho miedo a perder lo que uno tiene. Lo que a este amor le falta es justo lo que lo acabará estrangulando: su libertad. Por eso, amar es agua. La combinación estable y perfecta entre la energía del hidrógeno y la vida del oxígeno. Unidos pero flexibles. Cohesionados, pero adaptables. En otra palabra, contradictorios. Fluir sin voluntad de correr, liberar con intención de atrapar, vivir el futuro como si acabase ayer. Peligros, todos los que te puedas imaginar: la tensión superficial, que mantiene una impermeabilidad ficticia; las corrientes, que nos pueden arrastrar sin darnos cuenta adonde no queremos estar; y la temperatura de ebullición, porque aunque no lo parezca, si te descuidas, también esto puede hervir… y evaporarse.
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«Los amigos se tienen, en las parejas se está».
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Al día siguiente, ella quedó con sus mejores amigas para contarles todas las risas con pelos y señales, y él quedó con otra amiga para seguir riendo. Aunque ya no fue lo mismo. Él, que siempre había defendido el humor libre, fue el primero en notar que, tras haber estado con Paula, quedar con otra tenía muchísima menos gracia. «No puede ser», se dijo, y decidió quedar con dos amigas a la vez para ver si con algo de humor en grupo se le acababan las tonterías. Y fue aún peor, pues todo lo que pudo levantar fue una media sonrisa que no dejó satisfecho a ninguno de los tres.
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La gente admitía de buena gana que una pareja se gritase en público, pero eso de reírse así, delante de todos sin ningún pudor, eso no estaba muy bien visto.
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Que la echo de menos. En toda su ausencia. Hasta decir basta. Añoro esos paseos que nunca dimos por el parque. Añoro esos besos que jamás me dio. Esas risas tontas que no nos echamos. Esa canción que nunca escuchamos juntos después de no hacer el amor.
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Vivimos para dejar recuerdos,
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—«La valentía no se mide por lo que uno puede llegar a ganar, sino por lo que uno está dispuesto a perder»,
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El verdadero romanticismo consiste en ser incoherente con alguno de tus principios, romperlos y traicionarlos de cabo a rabo, y hacerlo todo por amor a alguien.
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4 comentarios:

Rubén dijo...

Yo también tengo las mías :) Algunas coinciden, otras no. Ahí van algunas:

El ritmo de olvido es proporcional a la importancia de lo olvidado.

Si lo toleras todo, eso es que nadie te importa.

Él, que siempre había defendido el humor libre, fue el primero en notar que, tras haber estado con Paula, quedar con otra tenía muchísima menos gracia.

El éxito, que no es más que reconocimiento íntimo, o el reconocimiento, que no es más que éxito público.

Soñar es la única forma que tienen nuestros miedos de abdicar en nuestras esperanzas.

Recordar un sueño es volver a dibujarlo de memoria sobre el papel en blanco de lo consciente, y nunca sale igual.

Quedaron un sábado, que es el día en el que quedan los que desean seguir quedando.

Vivimos para dejar recuerdos.

Lo que nos acaba matando suele ser algún tipo de distancia.

La edad de los lugares se mide en las experiencias que hemos vivido en ellos.
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Tengo más, por ejemplo, la carta del penúltimo capítulo, pero no quiero aburrir. Bueno, y el capítulo 31, que me mata.

Adrian Costinas dijo...

Muy buena RISTO MEJIDE ole ole ole TSQV!!!!!!!

Ilwën dijo...

Ese libro tienes TANTAS frases que te marcan tanto...me encantan las que has puesto, pero también hay otras que no están y que me encantaron cuando lo leí.

Un saludo!

Ilwën ~ La Biblioteca de Seshat

julia dijo...

Quien lo tiene en pdf que pueda pasar porfa ??